Las ruinas de Cartago

El templo inconcluso de la Parroquia de Santiago Apóstol.

Cartago Al Día.- La iglesia “inconclusa” de Santiago Apóstol, se localiza en el centro de la ciudad de Cartago, en el mismo lugar que erigieron desde “tiempos coloniales” la Parroquia de la Ciudad. A través del tiempo las funciones parroquiales cambiaron, debido a los temblores y terremotos que se sucedían a menudo. Desde un principio, este santuario fue dedicado al patrocinio de Santiago Apóstol, patrono de España.

En realidad, su fundación es motivo de desacuerdo. Algunos opinan que se fundó en 1575, fecha adoptada por la mayoría de los historiadores.

Vista actual de las ruinas de Santiago Apóstol en Cartago.

El historiador Ramón Matías Quesada Valerín fue alumno del profesor y dibujante jesuita, Santiago Páramo. En Cartago, por mucho tiempo se dijo que este religioso era el autor de esas pinturas que “colgaron” donde se lucía la “nueva Parroquia de Santiago”, se exhibían en la antigua sacristía de la casa cural de la iglesia de San Nicolás de Tolentino y que era regentada por la compañía de Jesús. Tales pinturas, cuyo paradero se ignora, podrían demostrar tal aseveración. Mientras tanto tiene tinte de leyenda.

Recordaremos que la Compañía de Jesús fue “desterrada” del país por decreto firmado por el Presidente Próspero Fernández, y firmado también por el secretario de gobernación Bernardo Soto, quien ejecutó dicho decreto: Decreto XXIII del 18 de julio de 1884.

Monseñor Thiel, en sus datos cronológicos, publicados en “El Mensajero del Clero” del 28 de febrero de 1900, aseguró que dicha iglesia parroquial fue fundada en 1577 a 1578. Históricamente se considera que tal divergencia de opiniones no tiene importancia por ser muy estrecha la diferencia entre unas y otras.

Si entramos a considerar el aspecto “vivencial” de la época vemos que:

  • Todas las personalidades eran eminentemente católicos, conquistadores y pacificadores, autoridades y habitantes en general.
  • La costumbre aplicada por los conquistadores y pacificadores al fundar o erigir cada nueva ciudad era siempre la misma: se trazaba el nuevo cuadrante, estableciendo primero la Iglesia y a su alrededor el cabildo y una plaza (que se conocía generalmente como plaza mayor), los lotes aledaños eran repartidos entre las autoridades y vecinos principales, costumbre que heredó el gobernador de turno, quien al llegar a la ciudad un emigrante español, se le asignaba el mejor lote disponible.

Es comprensible entonces que el lugar para dar gracias a Dios y elevar las peticiones al Creador era el centro donde giraba toda la actividad, por lo que es certero acotar el año de 1575 como el de la fundación de la primera Parroquia, año en que se supone que se erigió la ciudad de Cartago en el sitio actual.

Anexo: Las fechas que se indican en este artículo corresponden a la fecha de su último asentamiento permanente hasta la actualidad, el cual se realizó en 1575. La fundación que dio origen a Cartago data de 1563 en el Guarco (lugar llamado Rincón de Retana en Sabana Grande de Coris), que se considera la primera ciudad, posteriormente debido a las inundaciones (del cual se le apodó como Ciudad del Lodo) se trasladó por segunda vez en 1572 al Valle de Mata Redonda (actual Sabana en San José), considerándose la segunda ciudad. Finalmente ocurre su tercero y último traslado ocurrido en 1575 al Valle del Guarco, que corresponde al sitio que ha ocupado la ciudad hasta la actualidad.

A través de los años, y dado que para la construcción del templo se usaron materiales abundantes en la zona, vemos como el barro presente en paredes y techos (tejas) fue el material más usado. Se usó luego la técnica del “bahareque” y luego el calicanto: elementos que siempre sufrieron deterioro por los frecuentes temblores y terremotos de la zona.

Después del terremoto conocido como de San Antolín el 2 de septiembre de 1841, fue que se empezó a considerar edificarlo con materiales más resistentes que fueran abundantes en la zona. Las piedras graníticas resultaron ideales.

El arribo de canteros italianos traídos para la construcción de la vía del ferrocarril al Atlántico, sobre todo para la edificación de puentes de piedras, dieron el ingrediente ideal para la viabilidad del nuevo proyecto.

Anteproyecto de la fachada para la parroquia de Cartago.

Dichos canterios, que fundaron respetables familias estableciéndose principalmente desde Turrialba hasta Cartago, no solo participaron en la nueva construcción de la Iglesia de Santiago Apóstol, sino también en otras obras.

Entre estos cartagineses se encuentran don Santana Brenes, José Madriz, Juan Orlich y Juan Barahona. No se consignaron los nombres de los señores de apellido Figueroa, que es muy posible que residieran en Taras de Cartago, hasta que no se tengan sus datos precisos.

Con el trabajo de los personajes citados y con algunos otros, se inició la “inmortalización” de la nueva Parroquia.

Cuentan las crónicas de la época que nadie en Cartago y sus alrededores se quedó sin cooperar: famosos fueron los “desfiles” con materiales y donativos que llevaron a cabo los diferentes distritos y barrios, los turnos con ventas de comidas y mil curiosidades para recaudar fondos.

Productos agrícolas, comestibles, gallinas, patos, leña, piedra, cal, arena, fueron el fuerte de las donaciones, que se llevaban en carretas repletas adornadas con uruca, cintas de colores y flores que hacían juego con los diferentes y precisos arcos en toda la ciudad.

Tales desfiles siempre se precedieron de grandes partidas de ganado y bestias donadas. Las más distinguidas y linajudas señoritas y señoras, se despojaban de sus joyas más preciadas por tan altruista fin, los que no contaban con recursos donaban su trabajo según los escritos de Ramón Matías Quesada el 12 de octubre de 1904.

Nuevamente se paralizaron los trabajos de construcción. El historiador Franco Fernández Esquivel en “El Último Turno” opina: “… por pleitos de campanario entre las autoridades civiles y eclesiásticas desde 1876 hasta 1904, la construcción de la parroquia de Santiago Apóstol estuvo paralizada”.

A partir de 1904 se inician los trabajos; como vimos, fueron muchísimos los contribuyentes destacándose la gran contribución que realizó la cartaginesa Anacleta Arnesto de Mayorga, quien donó dos filas de piedra que cubrieran todo el entorno de la nueva edificación.

Construcción de la parroquia en 1908.

Cuenta la tradición cartaginesa que ya para el año 1910, cuando se estaba en espera del arribo del armazón de hierro, que conformaría el techo y amarraría las paredes y toda la edificación en sí, sobrevino el colosal terremoto conocido como de Santa Mónica el 4 de mayo de 1910, que destruyó la ciudad de Cartago y derribó algunas filas de piedra. Muchos cartagineses recuerdan las citadas piedras que en sus jardines aledaños quedaron esparcidas, sobre todo en la explanada sur de la edificación donde se ubicó el primer cementerio de Cartago.

Desde entonces, el templo ha permanecido inconcluso. Se vio una vez más frustrado el anhelo de los cartagineses de edificar lo que iba a ser una de las obras arquitectónicas más bellas de América, que aun destruida por los terremotos, guarda en la actualidad su elegancia y distinción, recubierta por el halo singular de espiritualidad que no dejamos de admirar.

En 1982, el Presidente Luis Alberto Monge y su Ministro de Cultura Eugenio Rodríguez Vega, emiten el decreto No. 19799-C que entre otras cosas indica:

  • Que la Iglesia Parroquial de Cartago se construyó con base en los planos, entre otros, del arquitecto Francisco Kurtze, aprobados en 1862 y que fue iniciada en 1870, siguiendo un proceso de edificación que culminó con el terremoto del 4 de mayo de 1910.
  • Que la Iglesia continuó bajo una línea arquitectónica, diseño de influencia romántica, concebido por el ingeniero Luis Llach, siendo este el único ejemplo de esta arquitectura en nuestro país.

Con otras consideraciones importantes, este decreto, de fecha 27 de julio de 1982, dice que se “toma” de conformidad con el artículo tercero de la Ley No. 5397 del 8 de noviembre de 1973.

De generación en generación, visitantes extranjeros y los propios habitantes de Cartago, quedan impresionados ante tanta belleza, meditando en cada visita, viviendo a cada paso escuchando entre los restos de estas imponentes ruinas, la voz de un pasado que se niega a desaparecer, escondido en cada grieta, en cada piedra, en cada espacio de lo que un día pudo haber sido la edificación más hermosa de América.

Fotografías: www.nacion.com

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