Continuación de los ataques alemanes.

Fue en abril de 1940 cuando empezó la campaña alemana contra Noruega y Dinamarca, y en mayo del mismo año tuvo lugar el ataque contra Holanda, Luxemburgo, Bélgica y Francia.

La situación era favorable a la Alemania Nazi y Francia se apresuró a firmar un tratado de paz con las fuerzas de Hitler. Y fue en el mes de octubre, precisamente el día 28, cuando se produjo un hecho que si bien al principio no pareció tener graves consecuencias, sí las tuvo más adelante.

Ese día, Italia invadió Grecia, sin contar para nada con Hitler, más bien contrariando los deseos de éste. Fue una decisión de Mussolini, que deseaba así afirmar su independencia de acción, fuera del sometimiento a Hitler. En realidad, las relaciones entre el hombre fuerte de Italia y el de Alemania sólo fueron cordiales en la superficie, como se puso de manifiesto en la entrevista mantenida por los dos el 19 de julio de 1943 en Felke. Fue ésta una entrevista muy difícil y penosa para Mussolini, particularmente cuando Hitler le espetó: “¡Es preciso poner todas las fuerzas italianas bajo el mando alemán! ¡Usted  se halla rodeado de generales incapaces y de ministros traidores!”.

Como resultado de la invasión de Grecia por las tropas italianas, Hitler se vio obligado a atacar a Yugoslavia y a Grecia el 6 de abril de 1941 y dejar para más tarde el ataque a la Unión Soviética.

Alemania estaba separada de Grecia por cuatro naciones: Hungría, Rumanía, Yugoslavia y Bulgaria, y Hitler necesitaba su conformidad para poder llegar a la frontera griega. Hungría y Rumanía aceptaron el estado de satélites de Alemania, y los trenes conduciendo tropas nazis estuvieron constantemente cruzando el territorio de estas naciones hasta reunir un ejército cerca de setecientos mil hombres. Alemania y Rusia se disputaban con viveza la  influencia en Bulgaria. Pero ganaron los alemanes, cruzando el Danubio la noche del 28 de febrero desde Rumanía y empezando a ocupar posiciones clave por todo el país. Al día siguiente, Bulgaria se unió al Pacto Tripartito.

Yugoslavia resultó más difícil. Hitler ejerció una fuerte presión sobre el Gobierno yugoslavo para que siguiese el ejemplo de sus convecinos y se uniera al Pacto Tripartito. Pero la noche del 26 al 27 de marzo, un grupo de oficiales yugoslavos se rebeló contra la decisión de su gobierno de adherirse al Eje, y dieron un golpe de Estado en Belgrado, en nombre del joven rey Pedro II.

Las tentativas de Ribbetrop y de otros para convencer a Hitler de que recurriese a medios diplomáticos en vez de emplear la fuerza fueron descartadas violentamente. En seguida se convocó en la Cancillería un consejo de guerra. Hitler estaba resuelto a aniquilar a quienes habían tenido la osadía de atravesarse en su camino, y tomo la decisión de aplazar unas semanas el ataque contra Rusia.

Era preciso improvisar las operaciones militares para aquella campaña nueva e imprevista. Hitler escribió a Mussolini, pidiéndole que suspendiese por algunos días las operaciones de Albania y cubriese la frontera entre ese país y Yugoslavia.

El día 5 de abril empezó el ataque contra Yugoslavia, con la finalidad de destruir Belgrado. Los pilotos alemanes bombardearon de forma sistemática la ciudad sin temor a verse atacados. El 17 de ese mes, el Ejército yugoslavo capituló.

Grecia hizo lo propio frente a los italianos. Las fuerzas italianas empezaron su evacuación. Los Panzers rodaron por las calles de Atenas. La guerra de los Balcanes, que había empezado por Mussolini como un intento para hacer una afirmación de su independencia, acabó siendo un triunfo alemán que eclipsó completamente al socio italiano.

Y fue precisamente el reparto de Yugoslavia donde se puso de manifiesto la auténtica relación que había entre Berlín y Roma. Hitler señaló las nuevas fronteras en una directriz el 12 de abril de 1941. A las reivindicaciones de Italia se les dio un trato igual que a las de los demás satélites, y el Duce tuvo que aceptar por fuerza las decisiones del Führer.

Por otro lado, el curso que tomaron los acontecimientos en el norte de África recalcó todavía más la incapacidad y dependencia que Italia estaba en relación con Alemania. Los continuos fracasos de Italia para frenar el avance de los británicos trajeron como consecuencia que Hitler se mostrara preocupado.

Así, Hitler ordenó que se trasladase una división acorazada desde los Balcanes y consiguió que Mussolini aceptase la creación de un mando unificado de todas las fuerzas mecanizadas y motorizadas del desierto, mando que estaría en manos de un general alemán: Erwin Rommel. Este general no sólo sorprendió a los británicos, sino también al Alto Mando alemán. En cuestión de catorce días reconquistó los territorios perdidos por Italia.

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