La palabra del nuevo Dios

Una nueva voluntad enseño yo a los hombres: la de querer, aceptar y dar por bueno el camino que el hombre ha recorrido a ciegas, y no apartarse ya de él a escondidas, como hacen los enfermos y los moribundos. Pues enfermos y moribundos eran los que despreciaban el cuerpo y la tierra e inventaban las cosas celestiales, el agua bendita y las gotas de sangre redentoras. Trataban de escapar de su miseria, pero las estrellas les quedaban demasiado lejos. Entonces, se dijeron: <<Si hubiera en el cielo caminos por lo que pudiésemos evadirnos a otro ser y a otra felicidad.>> Entonces se inventaron sus caminos furtivos y sus brebajes de sangre. Esos ingratos se creían liberados de su cuerpo y de esta tierra.

Entre los que sueñan y están obsesionados con los dioses han habido siempre muchos sujetos enfermizos. Son los que odian con todas sus fuerzas al hombre que tiene sed de conocimiento y a esa virtud más reciente, que se llama “honestidad”. Tienen siempre la vista puesta en oscuros tiempos pasados en los que la ilusión y la fe eran cosas distintas; el delirio de la razón se asemejaba a Dios; y la duda al pecado. Conozco muy bien a estos hombres semejantes a Dios; pretenden que creamos en ellos que sigamos su fe, su credo, y que dudar sería el pecado. También sé en qué es en lo que más creen tales hombres, y no se trata de mundos celestiales ni de gotas de sangre redentoras ni de aguas benditas, sino del cuerpo; en el cuerpo es en lo que más creen, y consideran que su cuerpo es la cosa en sí. Bien es cierto que piensan que ese cuerpo es algo enfermizo de lo que gustosamente quisieran evadirse y por ello escuchan a quienes predican la muerte, y ellos, a su vez, predican mundos celestiales. Mejor será, hijos míos, que escuchen la voz del cuerpo sano, que es una voz más sincera y más pura. Ciertamente, el cuerpo sano, limpio y perfecto habla en un lenguaje más sincero y más puro, pues habla del sentido de la vida. Ese cuerpo, hijos míos, está en mí, quien lo escuche, tendrá las alegrías y las pasiones.

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