Mujer.

La circe de la humanidad, la moral, ha falseado, moralizado de pies a cabeza todos los asuntos psicológicos hasta llegar a aquel horrible sinsentido de que el amor debe ser algo “no egoísta”… Es necesario estar firmemente asentado en uno mismo, es necesario apoyarse valerosamente sobre las propias piernas para poder amar. Esto la saben bien, demasiado bien, en definitiva, las mujercitas: no saben qué diablos hacer con los hombres desinteresados, con hombres meramente objetivos… ¿Puedo decir que conozco bien a las mujercitas? Todas me aman (es una vieja historia), descontando a las lisiadas y las liberadas, a quienes les falta tela para tener hijos. Por fortuna, yo no tengo ningún deseo de dejarme desgarrar: la mujer perfecta, cuando ama, desgarra… Conozco a estas amables ménades. Una mujer insignificante decidida a vengarse sería capaz de atropellar al destino mismo. La mujer es increíblemente más malvada que el hombre, aunque también más inteligente; la bondad en la mujer es una forma de degeneración. En el fondo de todas las denominadas “almas bellas” hay un defecto fisiológico, y no sigo hablando para no convertirme en un médico cínico. La lucha por la igualdad de derechos es incluso un síntoma de enfermedad; todo médico lo sabe. Cuanto más mujer es una mujer, tanto más se defiende con manos y pies contra los derechos en general: el estado natural, la guerra eterna entre los sexos le otorga el primer puesto. ¿Han escuchado mi definición del amor? El amor se vale de la guerra como medio, y se basa en el odio mortal que hay entre los sexos. ¿Han escuchado mi respuesta sobre cómo se cura a una mujer? Se la deja embarazada. La mujer necesita hijos, el hombre es para ella sólo un medio. El concepto de “emancipación de la mujer” representa el odio instintivo de la mujer mal constituida, es decir, incapaz de procrear, contra la mujer bien constituida. La lucha contra el varón no es nunca más que un medio, un pretexto, una táctica. Al elevarse a sí misma como mujer en sí, como “mujer superior”, como “mujer idealista”, quiere rebajar el nivel general de la mujer. Para esto, ningún medio es más seguro que estudiar bachillerato, llevar pantalones y tener los derechos políticos del animal electoral. En el fondo, las emancipadas son las anarquistas en el mundo de lo “eterno femenino”, las fracasadas, cuyo instinto más radical es la venganza… Todo un “idealismo” del peor tipo que se ha propuesto como meta envenenar la buena conciencia, lo que en el amor sexual es natural. La predicación de la castidad es una incitación a lo antinatural. Despreciar la vida sexual, ensuciarla calificándola de “impura”, es el auténtico pecado contra el espíritu santo de la vida.

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