¿Falsedad ideológica o desconfianza colectiva?

Parece que volverá a suceder. Todo indica que también en esta campaña electoral tendrá lugar un juego compartido de imágenes borrosas que hace que el espectro político sea en Costa Rica un espacio poco transparente. El posicionamiento de cada candidatura no queda claro, depende principalmente de la posición de los otros y los principales partidos pelean denodadamente por ocupar el espacio de centro, convencidos de que esa el la principal preferencia de los electores. En estas condiciones, el electorado elige por aproximación, sin identificar claramente las genuinas intenciones, en medio de un nivel de desconfianza exageradamente alto.

Así, es posible que en el mismo momento que Laura Chinchilla, candidata del PLN, asegura a Costa Rica Hoy que su propuesta es de orientación socialdemócrata, una descripción del diario El Financiero coloca a dicha candidata en el centro derecha. Obviamente, ambas cosas son muy difícilmente compatibles. Si se utilizan criterios objetivos, como adscripción internacional, declaración congresual, naturaleza programática, etc., un partido, como el PLN, que pertenece a la Internacional Socialista, se declara abiertamente socialdemócrata en su reciente congreso y plantea un programa con esa orientación, debería reconocerse como de centro izquierda, como por supuesto lo sitúan desde fuera de Costa Rica. ¿Cuál es la razón para que la percepción interna sea distinta, colocándolo en el centroderecha?

La respuesta a esta pregunta tiene vías distintas. Una posibilidad refiere a que haya un fuerte problema de cultura política en el país, existiendo serias dificultades para ubicar a la socialdemocracia, como se hace a nivel mundial, en el espacio de centro izquierda (mas allá de que en la Internacional Socialista haya partidos más escorados hacia el centro y otros más hacia la izquierda). Pero colocar a la socialdemocracia en el centroderecha es un claro error conceptual, por más extendido que sea en el país.

La otra posibilidad es que haya un problema de falsedad ideológica; es decir, que un determinado partido diga que es socialdemócrata, a sabiendas de que su programa y su política son realmente de centroderecha. ¿Es este el caso del PLN? Eso es lo que dice Otton Solis, según el cual la candidatura del PLN es “una derecha que se disfraza de socialdemócrata”. Desde luego, ésta es una interpretación interesada, en un juego de imágenes de cara a la campaña electoral. Pero eso hay que demostrarlo mediante indicadores objetivos y ahí es donde la cosa no cuadra: la autodefinición del PLN como partido socialdemócrata concuerda con el programa que presentó en las últimas elecciones (incluyendo la promesa de confirmar el TLC), así como el cumplimiento de ese programa, en términos generales.

Sin embargo, existe una tercera posibilidad y es que las candidaturas del PLN se hagan cómplices de esta confusión político-ideológica. Es decir, la candidata del PLN puede afirmar de cara al liberacionismo que su propuesta es socialdemócrata, pero ante el público amplio afirmar que su opción es de un “centro moderado”, algo que podría perfectamente interpretarse como de un centroderecha a nivel popular. En otras palabras, que se produzca la situación de aquel viejo chiste del loco astuto. Cuentan que un inspector fue a visitar un hospital psiquiátrico y el director le fue mostrando las diferentes alucinaciones, hasta que encontraron a un señor que arrastraba con un mecate un cepillo de barrer el piso. El director comenta al inspector que el hombre sufre una de las más firmes alucinaciones, pensando que saca todos los días su perro a pasear. El inspector pregunta entonces afablemente al alienado si hoy el perrito se estaba portando bien, a lo que muy serio el caballero le responde: “¿Cuál perro, pero no se da cuenta que lo que arrastro es un cepillo?” Director e inspector quedan con la boca abierta, mientras el hombre se aleja satisfecho. Y al doblar una esquina se vuelve y cariñosamente dice: “Vamos Chuchy, que hoy ya hemos engañado a otro”.

Es decir, la campaña del PLN puede plantearse en la perspectiva de asegurar entre los próximos que su propuesta es netamente socialdemócrata, pero dejando pensar al grueso de los electores que su posición es de centroderecha. Incluso puede sugerirlo discretamente, haciendo esas afirmaciones de constituir un “centro moderado”. No importa si mantiene y reproduce la confusión general, el caso es obtener el apoyo del electorado, que es lo que finalmente cuenta.

El problema es que seguir jugando este juego de confusiones le hace mal al país, entre otras razones porque mantiene o incluso incrementa uno de sus mayores problemas actuales: la desconfianza mutua. Algo que no sólo se manifiesta en cuanto de las instituciones sino también entre la propia ciudadanía. Esta desconfianza colectiva se asienta sobre una cultura cívica donde es tradicional no decir lo que realmente se piensa. Pero hay que subrayar que su actual nivel colectivo no existió siempre. Puede afirmarse que durante los años sesenta y setenta, el PLN fue identificado por la población como un partido de centroizquierda, más allá de su estricta identificación como socialdemócrata; mientras que posteriormente la fusión de los partidos de centro y derecha fue percibida como propiamente de centroderecha.

Esta relativa clarificación de posiciones fue fracturada inicialmente por la crisis de la deuda y posteriormente con la globalización, que obligaba a los gobiernos, fueran del color que fueran, a encarar un ajuste estructural para no caer en el desequilibrio macroeconómico (en que cayeron otros países que no supieron o quisieron entender el cambio mundial). De todas formas, si se compara el ajuste estructural de Costa Rica con el de otros países de la región, puede apreciarse sin problemas que aquí no hubo un ajuste precisamente salvaje.

Pero al acortarse la capacidad de maniobra de los gobiernos nacionales y con ello la distancia entre las propuestas electorales, la difuminación de los perfiles de las opciones políticas tuvo en Costa Rica ese efecto destructivo en su racionalidad comunicativa: la gente considera difícil saber a que atenerse, algo que obliga al electorado a hacer dos cosas: por un lado, enfatizar su búsqueda de seguridad privilegiando al centro político y por el otro, mantener una desconfianza generalizada en las propuestas electorales.
Desde luego, no sólo el PLN tiene el riesgo de seguir potenciando la desconfianza colectiva. Otton Solís, al frente del PAC, también lo hace y por razones mas consistentes. De una forma radical, Solís se ha negado a adoptar una posición política clara en la pasada campaña y en ésta parece que ha decidido proclamarse de centro. Tanto su indefinición ideológica, como su adscripción a un centro incoloro, refieren a su particular y difícil encrucijada. El PAC surgió como una opción que reunía disconformes de varios partidos, pero sobre todo del PLN y del PUSC. Y en las pasadas elecciones recogió la disconformidad con Arias, que le hizo obtener una votación inimaginable. Pero, para volver a hacer algo semejante, necesita seguir juntando votos moderados con electores de izquierda. Por eso no puede hacer una alianza con los grupos que hicieron campaña contra el TLC, porque perdería los votos moderados. Su esperanza es llegar a una segunda vuelta y forzar al voto anti-PLN a no tener más remedio que votar PAC. Así, aunque desde fuera del país el PAC sea visto como una oferta de centroizquierda, a Otton no le interesa esa identificación dentro del país. Prefiere la ausencia de identidad y la lucha por ocupar el centro, colocando, eso sí, al PLN a la derecha.

De hecho, las únicas posiciones claras están en los extremos: tanto los libertarios por la derecha como los grupos de izquierda les hablan al electorado con claridad. De esta forma, se produce una paradoja nacional: siendo Costa Rica un país de tradición reformista, nadie quiere ocupar hoy el espacio de centroizquierda, que quedaría sorprendentemente vacío. Puede que el PAC no tenga más remedio que jugar a la indefinición, pero ¿necesita el PLN hacer lo mismo, identificándose de forma distinta según el público al que se dirige? Quizás esta sea una forma astuta de ganar las elecciones, pero no ayuda mucho a recuperar la confianza colectiva.

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